Cuentos y Parábolas

Estamos acostumbrado a encontrarnos con cuentos, anécdotas, chistes y parábolas. Hoy hacemos una reflexión sobre este género literario que desde tiempos antiguos ha servido para instruir agradablemente sobre temas de la vida humana.

Con amabilidad, nos animan a crecer:

“Ridendo corriges mores”. Entre sonrisas nos hacen mejores.

Los cuentos no sirven solamente para dormir a los pequeños, sino también para mantener despiertos a los mayores. El cuento nos hace pensar, meditar, alabar, cambiar... Es un espejo que nos hace contemplar nuestra propia imagen, la que tenemos ante nosotros, la que damos ante los demás y, por qué no, la que nos pone también ante Dios.

 Hay parábolas antiguas y modernas que ayudan a mantener despierto tu espíritu. Tómalas en pequeñas tacitas, como un buen café. A veces tendrán un gusto fuerte, amargo, otras más dulce y suave, pero siempre, un gusto que perdura y que te permite saborear hasta los más sutiles matices de tu propia vida.

Un cuento es muchas veces un “espejo donde contemplamos nuestra huidiza imagen”. Qué valentía supone buscar con pasión la verdad, sin transigir con las excusas que nos vuelven esclavos de nuestras mentiras. Y llegar a ser más libres y auténticos, al reconocer con sensatez nuestras debilidades y límites, para empezar a superarnos cada día.

“Los años pasan”

Poema


Recuerdo los años de mi infancia.
Como si fuera ayer,
que tristeza haber perdido la inocencia,
de la niñez las esperanzas,
y sueños de la adolescencia.
el primer amor, ese beso robado,
una tarde de enero
el vestido blanco, el altar
y la promesa de un amor eterno y los hijos,
y cuando despertamos vimos pasar la vida,
como si fuera una película de aquellas antiguas,
y nos dimos cuenta de que los años pasan,
y solo los recuerdos quedan prendidos en el alma.

                                                                               Revista Nerva

Meditación


Hay gente que vive lo físico, como si lo espiritual no existiese.  Y el hombre, por creación, tiene un ser interior para el encuentro.  En esa profundidad nadie se parece a otro.  Allí se realizan sorprendentes maravillas. Y lo que hacemos jamás lo podemos considerar como resultado final, sino como la preparación de algo que ya viene… y casi siempre las mejores cosas pasan desapercibidas porque las han realizado en silencio y con amor, siendo cada instante de la vida un regalo… Solo así la alegría y el entusiasmo por la vida llegará a todo y nos contagiará, llegando oportunamente.

Debemos vivir con la mirada puesta en el Señor porque la vida será lo que nosotros decidamos que sea.

                                                            Adaptado CERJ: de Pequeñas Semillas.

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